
Imagen generada con leonardo.ai
No era un árbol común. Tampoco una mujer, aunque en su rostro habitaba la memoria de haberlo sido. Sus ojos cerrados no dormían: resistían. De sus párpados caían lágrimas lentas, no por dolor inmediato, sino por el peso de los años acumulados en la savia de la piel. Cada gota parecía recordar algo que no quería olvidarse del todo.
Continuar leyendo «No era un árbol común»
