Érase una vez el llamado ‘Niño Godzilla’

Un cambio en la temperatura del océano Pacífico puede modificar las lluvias, influir en las cosechas y alterar las condiciones climáticas a miles de kilómetros de distancia.

Representación de la tierra con una franja cálida sobre el pacífico ecuatorial que ilustra el fenómeno de el niño

Imagen generada con leonardo.ai

Esa capacidad de conectar regiones tan alejadas explica el interés que despierta El Niño, especialmente cuando las previsiones apuntan a un episodio de gran intensidad.

La expresión «Niño Godzilla» se utiliza de manera informal para describir algunos de esos episodios excepcionales. Su presencia en los titulares puede generar confusión sobre lo que está ocurriendo y sus posibles consecuencias. Comprender el fenómeno exige conocer cómo interactúan el océano y la atmósfera, qué observan los científicos y hasta dónde llegan las predicciones.

«Niño Godzilla» es un apodo divulgativo, sin una definición científica propia ni unos criterios oficiales que determinen cuándo debe emplearse. Ya circuló durante el episodio de 2015-2016 y ha vuelto a utilizarse en 2026. Los organismos meteorológicos describen la intensidad de El Niño mediante observaciones e índices, con términos como débil, moderado, fuerte o muy fuerte.

El Niño constituye la fase cálida de un patrón de variabilidad natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur, abreviado ENOS. Afecta al Pacífico ecuatorial y combina cambios en las temperaturas del océano con alteraciones de la circulación atmosférica. Este sistema también presenta una fase fría, llamada La Niña, y períodos de condiciones neutrales. Su evolución es irregular y no sigue un calendario fijo.

Para identificar y evaluar un episodio, los especialistas estudian la persistencia del calentamiento, su distribución, los vientos y otros indicadores. Una temperatura elevada en un punto del océano resulta insuficiente para describir todo el fenómeno. También importa que la atmósfera responda a esas condiciones y que exista una interacción sostenida entre ambos componentes del sistema climático.

En condiciones habituales, los vientos alisios empujan las aguas superficiales cálidas hacia el oeste del Pacífico ecuatorial. Durante El Niño, esos vientos se debilitan y el agua cálida se extiende hacia las zonas central y oriental. La distribución del calor cambia en una superficie oceánica enorme, con consecuencias para la evaporación, la formación de nubes y las áreas donde se concentran las lluvias.

Esos cambios afectan a la circulación de la atmósfera y pueden modificar los patrones meteorológicos de regiones lejanas. Los científicos denominan teleconexiones a estas relaciones entre distintas partes del planeta. Su influencia depende de la estación y de otros procesos climáticos que actúan simultáneamente. Por eso, conocer la situación del Pacífico ayuda a elaborar previsiones estacionales, aunque no permite anticipar por sí sola el tiempo de cada localidad.

Los efectos también alcanzan a los ecosistemas marinos. En algunas zonas del Pacífico oriental, El Niño reduce el ascenso de aguas profundas, frías y ricas en nutrientes. Esa menor disponibilidad puede afectar al fitoplancton y a las especies que dependen de él. Los cambios en la temperatura también modifican la distribución de ciertos peces, con repercusiones para la actividad pesquera y las comunidades costeras.

El Niño puede favorecer lluvias abundantes en determinadas áreas y condiciones más secas en otras. Entre las asociaciones conocidas figuran un mayor riesgo de sequía en partes de Indonesia y Australia, y precipitaciones superiores a las habituales en algunas regiones de Sudamérica. Estas tendencias cambian según la época del año y las características de cada episodio. Un acontecimiento intenso no produce necesariamente las mismas consecuencias que otro anterior.

También puede elevar temporalmente la temperatura media mundial. Esa variación natural se superpone al calentamiento causado por las emisiones de gases de efecto invernadero. Ambos procesos tienen causas y escalas temporales diferentes, pero pueden actuar conjuntamente sobre las condiciones que experimentamos. Para explicar un episodio concreto de calor, sequía o lluvia intensa hace falta analizar más factores que la presencia de El Niño.

En España, la situación del Pacífico debe interpretarse junto con otros elementos, especialmente la circulación atmosférica del Atlántico Norte. La posición de las borrascas y los anticiclones influye de forma importante en las precipitaciones y las temperaturas. Por ello, un pronóstico de El Niño muy fuerte no basta para asegurar que una provincia tendrá inundaciones, sequía o un invierno determinado. Las previsiones regionales ofrecen información más útil para valorar esas posibilidades.

Con la información disponible a 29 de septiembre de 2026, El Niño está establecido y fortaleciéndose. En su boletín del 10 de septiembre, el Centro de Predicción Climática de la NOAA estimó una probabilidad superior al 90 % de un episodio muy fuerte durante el otoño y el invierno del hemisferio norte de 2026-2027. La Organización Meteorológica Mundial también señaló una probabilidad cercana al 100 % de persistencia durante el período de diciembre de 2026 a febrero de 2027.

Estas cifras describen la evolución prevista del fenómeno oceánico y atmosférico. No representan la probabilidad de sufrir una catástrofe en un lugar concreto. La intensidad de El Niño, las condiciones meteorológicas regionales y la vulnerabilidad del territorio son aspectos distintos. Para valorar un posible impacto hay que considerar también factores como el estado del suelo, las infraestructuras, la disponibilidad de agua y la exposición de la población.

La utilidad de las previsiones está en facilitar decisiones anticipadas y ajustarlas conforme llega nueva información. Los servicios meteorológicos, las administraciones y los sectores sensibles al clima pueden utilizarlas para revisar sus planes. Para la ciudadanía, conviene distinguir entre un boletín estacional, que describe tendencias, y un aviso meteorológico, que informa de un riesgo más próximo y localizado. Consultar la fecha, la fuente y el ámbito geográfico ayuda a interpretar correctamente ambos.

El llamado «Niño Godzilla» es una expresión informal aplicada a episodios especialmente intensos de El Niño, un fenómeno que conecta el océano Pacífico con la circulación atmosférica mundial. Su importancia reside en los cambios que puede favorecer en las temperaturas, las lluvias y los ecosistemas. Comprender sus mecanismos y los límites de las previsiones permite valorar mejor la información, reconocer las diferencias regionales y prepararse con medidas proporcionadas a los riesgos reales.

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