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Si alguien nos dijera que existe un animal con tres corazones, sangre azul, ocho brazos capaces de explorar su entorno y una habilidad extraordinaria para cambiar de color, probablemente pensaríamos en una criatura de ciencia ficción. Sin embargo, ese animal existe, vive en nuestros océanos y se llama pulpo.
Y lo más sorprendente es que todas esas características son solo el principio de una larga lista de curiosidades.
Un animal con tres corazones y sangre azul
Mientras nosotros nos conformamos con un corazón, el pulpo tiene tres. Dos se encargan de bombear la sangre hacia las branquias, donde se oxigena, y el tercero la distribuye por el resto del cuerpo.
Pero todavía hay algo más curioso: su sangre es azul. Esto se debe a que utiliza hemocianina, una proteína que contiene cobre, para transportar el oxígeno, en lugar de la hemoglobina con hierro que utilizamos los seres humanos.
Por cierto, cuando el pulpo nada mediante propulsión a chorro, su corazón principal deja de latir temporalmente. Por eso, muchas especies prefieren desplazarse caminando sobre el fondo marino. ¡Hasta los pulpos parecen partidarios de ahorrar esfuerzos cuando pueden!
Ocho brazos que parecen tener vida propia
Los brazos del pulpo son auténticas maravillas biológicas. Cada uno dispone de numerosas ventosas capaces de sujetar objetos y percibir sustancias químicas mediante el contacto.
Además, una gran parte de sus neuronas se encuentra distribuida por sus brazos, lo que les permite realizar movimientos y procesar información con bastante autonomía respecto al cerebro central.
Esto no significa que cada brazo tenga un cerebro independiente, como a veces se afirma, pero sí que el pulpo posee un sistema nervioso extraordinariamente distribuido.
Imaginemos por un momento poder explorar ocho objetos diferentes casi al mismo tiempo. ¡Encontrar las llaves de casa sería bastante más sencillo!
Un maestro del disfraz
Si existiera un campeonato mundial de camuflaje submarino, el pulpo estaría entre los grandes favoritos.
Gracias a unas células especiales de su piel, llamadas cromatóforos, y a otras estructuras que modifican la reflexión de la luz, puede cambiar rápidamente de color y de apariencia.
Algunas especies también modifican la textura de su piel mediante pequeños músculos, creando protuberancias que les permiten parecerse a rocas, corales o superficies irregulares.
Todo ello les sirve para esconderse de los depredadores, acechar a sus presas y comunicarse en determinadas situaciones.
Y si el camuflaje falla, todavía les queda otro recurso: expulsar una nube de tinta que puede confundir al enemigo mientras escapan.
Una inteligencia que desconcierta a los científicos
Quizá una de las características más fascinantes del pulpo sea su inteligencia.
Se ha observado que estos animales pueden aprender mediante la experiencia, resolver problemas, distinguir formas y manipular objetos para conseguir alimento.
En experimentos científicos, algunos pulpos han aprendido a abrir recipientes para acceder a la comida. También se han documentado especies que transportan mitades de cáscaras de coco y posteriormente las utilizan como refugio.
Lo extraordinario es que esta inteligencia se ha desarrollado por un camino evolutivo muy diferente al nuestro.
Los pulpos son moluscos, parientes de caracoles y almejas, aunque sus capacidades cognitivas son notablemente distintas de las de muchos otros integrantes de ese grupo.
Su estudio está ayudando a los científicos a comprender mejor cómo pueden surgir diferentes formas de inteligencia en el reino animal.
Un cuerpo capaz de pasar por lugares increíbles
El pulpo tiene otra ventaja sorprendente: carece prácticamente de partes rígidas en su cuerpo, salvo estructuras como su pico, situado en el centro de los brazos.
Gracias a esta flexibilidad, puede introducirse por aberturas extraordinariamente estrechas. En términos generales, si su pico puede pasar por un agujero y el resto de su anatomía lo permite, buena parte de su cuerpo también podrá hacerlo.
Esta capacidad le permite esconderse en pequeñas grietas y escapar de situaciones peligrosas.
No es extraño que los ingenieros estudien su anatomía para desarrollar robots blandos, capaces de doblarse, agarrar objetos delicados y desplazarse por espacios difíciles.
Una vez más, la tecnología encuentra inspiración en soluciones que ya existen en la naturaleza.
Una vida corta, pero extraordinaria
A pesar de sus sorprendentes capacidades, muchos pulpos tienen una vida relativamente breve. Según la especie, pueden vivir desde unos pocos meses hasta varios años.
Su reproducción también resulta fascinante. En numerosas especies, las hembras cuidan y protegen sus huevos, los limpian y mantienen una circulación adecuada del agua hasta que nacen las crías.
Durante ese periodo, algunas dejan de alimentarse y finalmente mueren después de la eclosión.
Es una estrategia reproductiva muy diferente de la nuestra, pero perfectamente integrada en el ciclo vital de estos animales.
Una pequeña reflexión
Cuanto más conocemos al pulpo, más difícil resulta considerarlo simplemente una criatura marina de aspecto curioso.
Su anatomía, sus sentidos, su capacidad de camuflaje, su inteligencia y su extraordinaria flexibilidad nos muestran hasta qué punto puede llegar a ser compleja la vida en nuestro planeta.
Y quizá esa sea una de las enseñanzas más bonitas que nos ofrece la naturaleza: no hace falta viajar a otros mundos para encontrar seres verdaderamente asombrosos. Basta con conocer mejor los que ya comparten este planeta con nosotros.
En este Día Internacional del Pulpo, merece la pena recordar una idea sencilla:
«Ocho brazos, tres corazones y una sorprendente capacidad para resolver problemas. Cuanto más conocemos al pulpo, más descubrimos que la naturaleza todavía tiene mucho que enseñarnos».

